Cómo pasar una noche en el desierto “low cost” en India

Pasar una noche en el desierto es una de las experiencias más mágicas que se pueden vivir en un viaje. Aunque el Sáhara gana por goleada, en India se puede realizar una experiencia muy similar por un precio mucho más barato.

La mejor opción para pasar una noche en un desierto en India es desde la ciudad de Jaisalmer. Este punto cercano a la frontera con Pakistán está enclavado en mitad del desierto de Thar.

Llegar hasta Jaisalmer, una ciudad de película digna de ser visitada, conlleva un viaje de unas 9 horas por carretera. Sin embargo, buscando un transporte nocturno, es posible ganar tiempo y ahorrar una noche de hotel.

Dónde contratar una noche en el desierto

Recién llegados a Jaisalmer, por la mañana, lo primero que hay que hacer es buscar un hotel u hostal en el que alojarse. Allí mismo será donde contratemos nuestro safari al desierto. Casi todos lo tienen y su precio ronda las 1.500 rupias por persona (unos 22 euros).

Si no planeas quedarte más que una noche, algunos hostales ofrecen además servicio de guardaequipajes. Es decir, el hostal te permite dejar las maletas mientras visitas el desierto. Además, te alquiler una habitación por unas horas para ducharte y asearte a la mañana siguiente.

Una vez hecha la reserva, hay que tener en cuenta que la expedición parte después de comer, por lo que tendremos algunas horas para visitar la ciudad.

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Un poblado gitano habitado por niños

El punto de encuentro se suele fijar en la entrada del fuerte de la ciudad. Una vez alcanzado, nos subiremos a un jeep de la Segunda Guerra Mundial (vale, tal vez estoy exagerando). Este transporte nos conducirá por áridas carreteras hasta la siguiente etapa del viaje.

En el camino, el guía puede ofrecernos parar en alguno de los poblados gitanos que hay en la zona. Aunque no es agradable, merece la pena ver cómo todos los niños que juegan en la calle paran sus partidas para perseguirte señalando la cámara y pidiendo dinero.

No estoy a favor de dar limosna y siempre llevo algunos caramelos para estos casos. Pero lo que más me sorprendió de esta breve visita fue intuir cómo los adultos controlaban la escena desde el interior de sus casas. En otras palabras, aquello parecía un pueblo habitado solo por niños.

Niños de un poblado gitano del desierto de Thar (India).
Niños de un poblado gitano del desierto de Thar (India).

Atardecer en el desierto de Thar

Siguiendo con nuestro viaje en jeep, por fin llegamos a la cuadra (si es que puede llamarse así) donde se encontraban los dromedarios. Hecho el cambio de “vehículo”, el conductor del jeep y el guía se unen para dirigir a los animales hasta un campamento en mitad de las dunas.

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Llamo campamento a una hoguera en mitad de la nada. Lo más divertido que se puede hacer hasta la caída del sol es buscar una duna desde la que ver atardecer. No obstante, si nos pasamos en la distancia de nuestro paseo, podemos encontrarnos con otro campamento. Los guías intentarán evitar que esto ocurra a toda costa para que no se rompa la magia del momento.

El atardecer sobre la arena es un espectáculo de colores anaranjados, rojos y amarillos imposible de describir. Pero lo verdaderamente hermoso de la experiencia ocurre cuando se oculta el sol.

Atardecer antes de pasar la noche en el desierto de Thar (Jaisalmer, India).
Atardecer antes de pasar la noche en el desierto de Thar (Jaisalmer, India).

Cena y charla bajo las estrellas

Cuando ya ha anochecido, los guías preparan el fuego y cocinan la cena. Auténticos platos indios que se comen a la manera tradicional, con la mano derecha. Luego, unas mantas extendidas que más tarde se convertirán en cama sirven de asiento improvisado para observar las estrellas y disfrutar de la conversación.

Este es el mejor momento para preguntar a los guías y aprender algo de la cultura local.

Cerveza en mano, nuestro acompañante nos habló del sistema de castas vigente en la India. De cómo en la actualidad es más una forma de respeto y estatus social que una limitación económica real. Asimismo, nos brindó una defensa idealizada de los matrimonios concertados como panacea contra el divorcio y las rupturas de pareja.

Con el alcohol en las venas y la mirada en el cielo, nos dormimos arropados por el firmamento.

El camino de vuelta

Amanecer acostado sobre la arena no resulta nada placentero. Aunque las dunas son más cómodas de lo que cabría esperar, la necesidad de ducharse es una de las más apremiantes que he sentido en mi vida.

Después de recoger rápidamente el campamento y tomar un rico desayuno, el camino de vuelta consiste en deshacer los pasos dados para llegar hasta las dunas.

En nuestro regreso tuvimos un percance. Una chica de otro campamento se había caído del dromedario y tenían que llevarla a un hospital. Para ello utilizaron el jeep que nos esperaba a nosotros.

Cuando volvió del lugar del accidente, el grupo de la joven y el nuestro completamos el camino juntos. Un traqueteante recorrido en el que compartir experiencias.

De vuelta en el hostal, utilizamos la habitación para ducharnos y, sintiéndonos limpios de nuevo, es momento de continuar con el viaje.

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