Jaipur fuera de ruta

Jaipur, conocida como la ciudad rosa por el color de sus fachadas, es la capital del Estado de Rajastán y una de las ciudades con más historia de la India.

La mejor forma de recorrer la ciudad es acordando el viaje con un conductor de tuc-tuc que, por un módico precio y el peaje de parar en alguna tienda y comer en el sitio en el que a él le pagan una comisión por llevar a los turistas, será tu chófer durante todo el día.

La ciudad es grande, por lo que no nos vendrá mal la ayuda de este guía improvisado para llegar de un sitio a otro sin perdernos y aprovechar al máximo nuestro tiempo.

Royal Gaitor y Jal Mahal

Comenzamos la visita dirigiendo nuestros pasos al exterior de la muralla de la ciudad para visitar el Royal Gaitor, un complejo funerario donde descansas los restos algunos de los maharajás del Rajastán.

Como llegamos temprano, el lugar estaba prácticamente desierto y pudimos pasear en completo silencio en una atmósfera impregnada de espiritualidad.

Desde aquí, queda muy cerca el Jal Mahal, un majestuoso palacio del siglo XVIII construido como si flotara sobre las aguas del lago Man Sagar que queda de camino hasta la verdadera joya de las ciudad.

El fuerte Amber

Este inmenso palacio-fortaleza es, sin duda, el imprescindible de cualquier visita a Jaipur. La subida a lo alto de la colina en la que se ubica el fuerte puede hacerse andando o a lomos de un elefante. Sin embargo, dado que se trata de una caminata de apenas 20 minutos, mi recomendación es hacerlo a pie y, de paso, evitar la explotación del animal.

La entrada vale cada una de las 200 rupias que cuesta (2,80 €). Con ciertas reminiscencias a la arquitectura musulmana, el Fuerte Amber representa a la perfección la mezcla de mundos que es la India en un intrincado complejo de varias plantas de salas palaciegas, pórticos espectaculares y jardines de ensueño.

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Panna Meena ka Kund, el baño secreto de Jaipur

Dejamos las alturas del Fuerte Amber para dirigirnos a un lugar más escondido de una extraña belleza. Excavado en el siglo XVI este curioso y poco concurrido palacio era un lugar de reunión social en el que bañarse en la piscina del fondo sin ser visto.

Este lugar es especialmente refrescante, porque su arquitectura mantiene la frescura del agua y los locales cuentan que nadie puede subir y bajar por la misma escalera de esta estructura que parece sacada de una de las figuras imposibles de Escher.

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No merece la pena visitar el Elephant Village

Otro punto al que tu guía se empeñarán en llevarte es el llamado Elepahant Village. Dejándonos llevar, fuimos hasta esta supuesta reserva de elefantes donde nos ofrecieron pintar sobre la piel de los animales, lavarlos, alimentarlos y dar un paseo sobre su lomo por unas 1.500 rupias (20 €).

Al contrario que a un grupo de británicos que había allí, ni las condiciones ni la oferta nos cautivaron. Por eso, pedimos respetuosamente a nuestro guía volver a la ciudad.

El otro templo de los monos

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Después de una deliciosa comida en el restaurante Namasté (400 – 800 rupias) nuestro guía nos sugirió ver atardecer desde lo alto del Templo de los Monos. Pero no, no se refería al famoso Galwar Bagh cercano al Fuerte Amber sino a un ruinoso y diminuto santuario abandonado en una colina de la periferia de la ciudad.

Se trata del Surya Mandir o Templo del Sol,  y, aunque en un principio el camino puede parecer peligroso, y los jóvenes de la zona intentarán hacernos de guía con el pretexto de protegernos de los animales en la subida, lo cierto es que merece la pena ascender a pie a lo alto de esta loma por un camino plagado de monos, cerdos y cabras para disfrutar de una de las vistas más imponentes de la ciudad.

Fuera de este recorrido, hemos dejado algunos lugares más masificados como el Palacio de los Vientos o el Observatorio de Jantar Mantar, pero, a veces, salirse de la ruta es la mejor forma de descubrir el lado más auténtico de una ciudad tan turística.

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