Cómo visitar Mandalay Hill y disfrutar de sus vistas

Mandalay, la última capital del reino antes de la anexión total de Birmania por los británicos, tiene pocos atractivos, pero, en sus alrededores, se esconden algunas sorpresas.

Situada en la llanura central del país, en Mandalay hace calor. La ciudad tiene cerca de un millón de habitantes y, sobre todo, es famosa por ser uno de los principales centros de peregrinación de Myanmar.

Por eso, además de las interminables murallas del fuerte de la ciudad, el visitante no puede dejar de darse una vuelta por la montaña que da nombre a Mandalay. Se trata de un promontorio de 240 metros de altura plagado de monasterios y templos.

Subir Mandalay Hill a pie

Al pie de la montaña, dos grandes chinthes, o leones alados, protegen y nos dan la bienvenida al recinto.

Para subir a pie a la montaña, no es imprescindible estar en buena forma física. Pero hay que tener en consideración que todo el ascenso se realiza a través de largas escalinatas cubiertas. De este modo, solo tendremos que tener miedo al cansancio y podremos olvidarnos del sol.

Ascender a pie Mandalay Hill se considera una peregrinación

Si el caminar no va contigo, existe la posibilidad de subir en taxi hasta la mitad del trayecto. No obstante, ascender a pie Mandalay Hill se considera una peregrinación que ofrece una recompensa tanto física como espiritual.

El acceso a la montaña es gratuito y, en el camino, que puede hacerse desde tres puntos distintos, podremos ver a distintos artesanos trabajando.

Sin embargo, sí tendremos que pagar entrada para visitar la pagoda Sutaungpyei que corona la montaña, dese donde se obtienen unas bonitas vistas panorámicas de la ciudad. La entrada cuesta 1.000 kyat si llevamos una cámara de fotos.

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Hablar con los monjes

El ascenso o el descenso también pueden ser buenos momentos para aprender de la cultura local y entablar conversación con alguno de los monjes que deambulan por la zona.

En la religión budista, todo hombre debe ser monje alguna vez en la vida. Y, aunque normalmente las familias eligen hacerlo en la infancia para poder garantizar una educación a sus hijos, algunos deciden hacer retiros espirituales periódicamente para meditar y purificarse.

Además, el día en el que el niño va a ser ordenado, se celebra una gran fiesta.

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Desde aquí, también es posible visitar rincones curiosos como las ruinas de la pagada de Mingun o el puente de teca de U Bien.

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