El Lago Inle, la vida sobre el agua en Myanmar

Después de visitar dos de los principales atractivos turísticos de Myanmar, ponemos rumbo norte para descubrir el que, para mí, es el lugar más espiritual del país, el Lago Inle.

Encerrado entre las altas montañas del Estado de Shan, se esconde el Lago Inle. Una basta extensión de 22 kilómetros de largo y 11 de ancho en la que toda la vida gira en torno al agua dulce.

En Inle todo flota, desde las casa, hasta los pescadores, que se sostienen en el extremo de sus embarcaciones sobre una de sus piernas como por arte de magia.

Dormir en el Lago Inle

La principal población del lago es Nyaung Shwe (o Nyaungshwe), en la zona norte. Hasta aquí llegan los autobuses desde Bagan o desde Mandalay y es el mejor lugar para hospedarse. El hotel Lady Princess 2, es un buen sitio para hacerlo.

Al igual que sucede con Bagan, para entrar en el área del Lago Inle, los turistas están obligados a pagar una entrada de 10.000 kyat (unos 8 €).

Cualquier visita al Lago Inle que se precie ha de hacerse en bote. Embarcaciones alargadas de madera se deslizan sobre el agua del lago con el ensordecedor ruido de sus motores de fondo. El recorrido incluye las zonas de pesca, los pequeños pueblos y los jardines flotantes. Aunque tampoco podremos librarnos de las paradas obligatorias en los talleres artesanales de plata, hierro y tejidos.

Vivir sobre el agua

En la zona del lago, viven unas 125.000 personas, de las cuales, 70.000 lo hacen en los palafitos de la costa o de los islotes. Niños, monjes y familias realizan su aseo matutino agachados sobre el espejo del lago y conducen los barcos para ir de un sitio a otro .

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De nuevo en tierra firme, otro de los atractivos de la zona es el mercado itinerante que se mueve por los pueblos que hay alrededor del lago. Es un auténtico universo de olores, colores y sabores. Pregunta a los locales para saber dónde está y no dejes de visitarlo.

Fuera de ruta

También en la orilla del lago, en lo alto de las montañas, se encuentra un gran monasterio budista poblado por niños monjes al que merece la pena llegar. Además, en el camino de vuelta, podrás parar en uno de los múltiples orfanatos que hay en la zona, para conocer de primera mano el encomiable trabajo que se hace allí.

De vuelta al lago, negocia con tu guía la visita al santuario de In Deinn, en la costa suroeste y al monasterio flotante de Nga Phe Kyaung, también conocido como el monasterio de los gatos saltarines. 

Para terminar la visita a este lugar, nada mejor que hacerlo viendo la puesta de sol desde el centro del lago. El astro rey se esconde tras las montañas y dibuja siluetas de pescadores equilibristas cuyo reflejo ancestral se funde con el agua.

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