Shwedagon pagoda, el dorado del budismo birmano

Durante el día, Yangón ofrece al visitante su hermoso pasado colonial, pero, al caer la noche, no cabe duda que la Shwedagon pagoda es el lugar que hay que visitar.

Visible desde varios kilómetros a la redonda y a 1,5 km del centro de Yangón, la estupa de 98 metros de altura de la pagoda más sagrada de Myanmar se levanta, dorada, e iluminada como un extraño platillo volante a ojos del extranjero.

Hay tantas puertas de acceso a la pagoda como puntos cardinales. Nosotros entramos por la puerta sur. Aunque, debido al boom turístico en el país, los precios no paran de subir, la entrada al templo cuesta 8 dólares.

Es imprescindible ir bien vestido, con pantalones o faldas que cubran todas las piernas y camisetas que tapen los hombros y no dejen nada del vientre a la vista. Aún así, si no llevas pantalón largo, es posible alquilar un longy. Se trata de una prenda tradicional birmana que consiste en una falda tubular que se anuda a la cintura de forma distinta para hombres y para mujeres.

Un guía merece la pena

El acceso puede hacerse por escaleras o en ascensor, ya que la estupa se encuentra en lo alto de una colina que ahora ocultan las construcciones de la pagoda.  Una vez dentro, creo que lo mejor es contratar un guía. No es caro y nos explicará los secretos de este milenario templo.

Según las leyendas, que son verdad indiscutible para nuestro guía, la Shwedagon pagoda tiene más de 2.500 años de historia. Sin embargo, es difícil saber con exactitud si alguno de los elementos originales de la construcción siguen en pie, ya que el monumento ha sufrido incendios, saqueos y terremotos.

Más allá del mito, los primeros vestigios de la pagoda actual se encuenrean entre el siglo VI y X d.C. y la estructura  que vemos hoy de 1769. Por tanto, se cree que el fragmento más antiguo en pie podría no tener más de dos siglos.

La estupa, que según cuenta nuestro guía guarda ocho pelos de Buda traídos de la India como reliquia por dos comerciantes birmanos, está formada por una serie de discos concéntricos que reducen su diámetro de manera ascendente. Nuestro guía, nos explica que, cuando un rey quería ampliar la grandeza de la pagoda, elevaba la estupa y, para ello, debía agrandar el diámetro de los discos uno a uno y luego volverlo a cubrir todo con pan de oro. En la actualidad, la construcción alcanza los 98 metros y está cubierta por 700 kilos de este material.

El interior de la estupa es macizo y solo en la parte superior cobija una pequeña estatua de Buda que es retransmitida hasta la base mediante un circuito cerrado de TV que se reprodiuce en las pantallas de una de las capillas. Esto, sumado a la decoración de neón alrededor de las cabezas de las estatuas a modo de aureola, ha impedido que, de momento, este monumento sea declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco.

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El horóscopo birmano

En el patio de la pagoda se respira paz, espiritualidad y misticismo. La gente camina, hace ofrendas, medita en las capillas que rodean la estupa y coloca barillas de incienso.

Otra de las costumbres en las que os introducirá vuestro guía será el horóscopo birmano. Según la tradición, dependiendo del día de la semana en el que se haya nacido, a cada persona le corresponde un animal. Al lunes le corresponde el tigre; al martes, el león; al jueves, la rata; al viernes, el cerdo (vietnamita) y al miércoles, el elefante, que tendrá o no colmillos en función de si ha nacido por la mañana o por la tarde.

Alrededor de la estupa hay colocadas seis fuentes con estos seis animales y una estatua de Buda y la tradición manda que hay que derramar tantas jarras de agua sobre sus cabezas como años tenga la persona que realiza la ofrenda.

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El horóscopo birmano en Bangan. / asiasociety.org

Por último, para culminar nuestra visita, nuestro guía nos llevó a un punto concreto de la pagoda y dede allí nos hizo mirar a lo alto de la estupa. Al fijar la vista, pudimos observar un destello amarillo brillante que, al caminar hacia adelante o hacia atrás, se transforma en azul, verde o rojo.

Lo que corona el templo es una veleta de oro y piedras preciosas procedentes de los donativos que el pueblo birmano ha hecho a la Shwedagon pagoda a lo largo de la historia. Su valor es incalculable y es difícil saber el número de diamantes, rubíes, zafiros y esmeraldas que hay en ella.

Esto puede sorprender al visitante al compararlo con la pobreza con la que vive el país, pero ¿acaso las basílicas y catedrales católicas no están plagadas de reliquias y donaciones?

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