Lima, la belleza del caos

Cuenta la leyenda que, en la Navidad de 1535, el conquistador español Francisco Pizarro ordenó buscar un lugar para establecer la capital de su territorio. Preguntando a las tribus locales por una tierra fértil y cercana al mar, estos le condujeron a lo que hoy conocemos como Lima. Un lugar colgado sobre el mar en un acantilado, en el que la luz del sol siempre está tamizada por la garúa, una densa neblina marina que lo cubre todo. Así fue como los incas se cobraron la venganza por la conquista de Perú.

Más de 500 años después, a la garúa se le ha sumado la polución de una urbe moderna, que nunca duerme y cuyos barrios van del encanto bohemio de Barranco a la peligrosidad del cerro San Cristóbal.

Pasado colonial en el centro de Lima

Lima es inmensa,
caótica y ruidosa

Surcada por el Rímac, Lima es inmensa, caótica y ruidosa. Probablemente, no es el lugar más bello del mundo, pero su encanto está asentado en estos tres pilares.

En el centro de Lima la Plaza de armas, pintada de amarillo, desvela el pasado colonial de la capital de Perú. Allí se encuentran también la catedral y el palacio presidencial.

Un poco más adelante, caminando hacia la derecha de la plaza y en dirección al Rímac, las dos imponentes torres gemelas de la fachada colonial de la Basílica de San Francisco de Asís coronan una plaza abierta y llena de palomas que invita al descanso.

Cultura y arte urbano en Barranco

Más allá de Miraflores, zona donde se alojan la mayoría de los turistas, está Barranco, una antigua estación balnearia de casas horizontales que ha sido tomada por los artistas que la han convertido en el distrito de moda.

Centro de la cultura urbana y la bohemia de Lima, en Barranco se encuentra el Puente de los Suspiros, una construcción de 1876 que conecta las calles Ayacucho y la Ermita y que, según manda la tradición, ha de cruzarse conteniendo la respiración. En un suspiro, para cumplir un deseo, como volver a esta hermosa ciudad.

Lima no es bonita, y tampoco es la ciudad más segura del mundo. Sin embargo, los limeños son amigables y el peligro, aunque siempre está presente, no incita tanto al miedo como a la cautela. Basta con actuar con sentido común para evitar problemas.

Las mejores vistas de Lima

En este aspecto, la visita al cerro San Cristóbal y el barrio circundante debe ser acordada en un medio de transporte colectivo que, generalmente, parte de las inmediaciones de la Plaza de Armas.

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“No saquen las cámaras por la ventanilla si no quieren perderlas”, explica la guía en una destartalada furgoneta mientras narra los amores y desventuras de ‘La Perricholi’, actriz venida a más por sus amoríos con un virrey español en el siglo XVIII.

Coronado por una cruz inaugurada en 1928, este apéndice de los Andes, a 400 metros sobre el nivel del mar, es la perdición de cualquier fotógrafo aficionado.

Ya en lo alto del cerro, la ciudad se muestra inmensa, infinita y llena de contrastes. Lima acoge a casi un tercio de la población total de Perú, y sus habitantes se reparten en barrios que van del lujo extremo a la más absoluta miseria.

En Lima, la vida
es callejera

De noche o de día, en Lima, la vida es callejera. Comer fuera de casa es casi más barato que dentro y la cantidad de rincones que ver bien merece que nos rasquemos un poco el bolsillo, porque Lima es rica también en lo gastronómico.

Ruidosa, caótica y desconcertante, así es la capital de Perú, un buen lugar para comenzar a entender lo que supuso para Latinoamérica la conquista española hace ya casi 500 años.

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