Moher, belleza al borde del abismo

Posiblemente el paisaje natural más visitado de Irlanda, los acantilados de Moher son un icono de este país insular. Ocho kilómetros de costa escarpada que alcanza los 220 metros de altura donde el marrón de la tierra se funde con el gris de la roca y el verde de la hierba, bañados por el azul intenso del Océano Atlántico.

En la costa occidental de Irlanda, Moher se encuentra a 5,8 kilómetros en coche del pueblo de Liscannor, en el condado de Clare y la entrada, 6 euros la general y 4 la reducida (los menores de 16 años no pagan), incluye el acceso a una exposición interactiva y un centro de interpretación construidos como una cueva para limitar el impacto sobre el paisaje.

Acondicionados para cualquier tipo de visitante, los acantilados cuentan con una zona pavimentada, dotada de tres puntos de observación donde los músicos que tocan la gaita o la flauta irlandesa te harán sentir en una escena del comienzo de El Señor de los Anillos.

Además, más allá de la plataforma norte, se encuentra la Torre de O’Brien, que también puede visitarse con un suplemento (2€ adultos/1€ niños) y es el lugar ideal para divisar las Islas de Aran.

Asomarse al vacío

Fuera del complejo, existe una ruta sin acondicionar que discurre al borde del abismo hacia el norte y hacia el sur. Tanto si se decide recorrerla, son un total de 12 kilómetros, como si tan solo se opta por caminar unos pocos metros para sentir el contacto directo con la naturaleza; es importante seguir las recomendaciones de seguridad emitidas por el centro de observación. Aunque será muy difícil resistir el deseo de asomarse al vacío.

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Por último, y después del obligado paseo, el centro de interpretación también cuenta con un escueto restaurante donde reponer fuerzas

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