Bilbao, el Londres de Vizcaya

Instalada a orillas de la ría que nace de la confluencia de los ríos Nervión e Ibaizábal y a la sombra del monte Artxanda, Bilbao florece como una ciudad moderna y llena de vida, que ha sabido avanzar desde su pasado industrial para convertirse en uno de los focos culturales más importantes de España.

Bilbao florece como
una ciudad llena de vida
que se reinventa.

Bilbao es, al mismo tiempo, caótica como una metrópoli y ordenada como una capital de provincias a la que la modernidad no le ha pillado por sorpresa. La ciudad, que se abre paso hacia el mar desde las montañas, y sus gentes siguen transmitiendo al visitante una sensación acogedora entre museos y bulliciosas avenidas llenas de cines y tiendas.

El teatro Arriaga y el casco viejo trasladan al viajero a otro tiempo, a una época de esplendor dorado de una nueva burguesía adinerada. No obstante, esto solo es una fachada, porque, en cuanto este se adentra en el interior de los bares de calles como Somera se encuentra con pintxos gourmet y decoración minimalista, que nada tienen que ver con la revolución industrial.

Muy cerca de este lugar, el Mercado de la Ribera también realiza su particular mezcla de tiempos y conceptos intercalando bares con puestos de pescado o verduras para convertirse en un lugar más de alterne que de abastos.

De puente a puente


Bilbao está surcada por su ría, conectada por puentes de diferentes épocas, arquitectos y estilos. Desde el clasicismo de los atlantes y cariátides del Puente del Arenal, que corona un bonito paseo arbolado junto a la ría, hasta las líneas blancas e inconfundiblemente futuristas del Zubi Zuri, diseñado por Calatrava; los puentes de Bilbao pueden componer una ruta en sí mismos.

Los puentes de Bilbao son
una ruta en sí mismos.

Aparte de los ya mencionados, destacan el Puente Euskalduna, recuerdo de los antiguos astilleros, y el icónico Puente de La Salve, que, junto al Guggenheim y la torre Iberdrola (único rascacielos de Bilbao), conforma el skyline de la ciudad.

Por cierto, la fotografía típica con el museo a la derecha y el puente a la izquierda puede hacerse desde otro viaducto, la Pasarela Pedro Arrupe, construido únicamente con madera y acero.

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Guggenheim, el buque insignia de Bilbao


El Guggenheim es el faro de la ciudad, y son muchos los visitantes que acuden hasta aquí solo por visitar la pinacoteca que cuenta con una maternal araña y el entrañable y florido Puppy como atractivos para el paseante.

Las esculturas de Louise Bourgeois y Jeff Koons ponen el acento a un área que, lejos de la cultura, otrora cultivaba navíos en sus astilleros.

La ciudad parece una maqueta
entre las montañas y el estuario.

Más allá, encerrado entre bloques de viviendas, se encuentra otro de los puntos más interesantes de Bilbao: La Alhóndiga. Actualmente denominado Centro Azkuna, este espacio cultural ubicado en un antiguo almacén de vino es un lugar mágico en el que las columnas adoptan formas delirantes y las personas nadan sobre las cabezas de los visitantes.

Finalmente, lejos del tráfico y el ruido, se encuentra el centenario Funicular de Artxanda que sube a lo alto del monte homónimo. El ascenso, 770 metros en 3 minutos, se hace por una ladera de casas blancas de tejados rojos. Desde la cima, coronada por la huella diseñada por Juan José Novella, la ciudad parece una maqueta entre el verde de las montañas y el azul verdoso del estuario.

Una ciudad que se reinventa con el tiempo. Bilbao es a Londres lo que París sería a San Sebastián. Ante la encrucijada de decidir si apostar por la modernidad o anclarse en el pasado para revestirlo de turistas y gloria, Bilbao ha seguido el ejemplo de la capital británica y el resultado es una ciudad que, ante todo, invita a vivir.

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