¡Londres vive!

Siempre he pensado que no tiene mucho sentido repetir destino. El mundo es demasiado grande y la vida demasiado corta como para no intentar verlo todo. Pero, como de costumbre, hay excepciones.

Londres vive de día y de noche, al sol y bajo la lluvia.

¡Londres vive! Vive de día y de noche. Vive al sol y bajo la lluvia. Con sus 8,5 millones de habitantes, la ciudad bulle como un hormiguero en el que lo más posh se mezcla con lo underground y forman un crisol de culturas, etnias y rostros.

Son muchos, fuimos muchos, los españoles que intentamos colonizar la ciudad. De hecho, no es complicado que te atiendan en perfecto castellano en medio de Leicester Square. He de reconocer que esto puede llegar a resultar molesto, pero, en Londres, vale la pena aguantarlo.

Desde el flamante y todopoderoso London Eye hasta el mil veces fotografiado Big Ben no hay más que unos pasos. Sin embargo, si se quiere conocer Londres de verdad, lo mejor es hacerlo andando.

De las Houses of Parliament al pequeño y decepcionante Buckingham Palace o desde Waterloo hasta St. Paul Cathedral, cruzando el Milennium Bridge, todos los caminos conducen a lugares fascinantes, donde el acero y la piedra se funden con el cristal.

El metro, más lento e incómodo de lo esperado, está sobrevalorado. Sin embargo, el autobús permite dejar descansar los pies y ofrece una buena panorámica de la ciudad.

En Londres siempre hay algo que hacer. Un museo, una performance, compras… ¡cualquier escusa vale!, y la ciudad, en constante movimiento, nos lo pondrá muy fácil.

Cualquier ruta que se precie acabará o empezará en el Tower Bridge.

Desde las pantallas de Picadilly Circus, es fácil llegar a Trafalgar Square donde se encuentra la National Gallery. Dominada por la columna del almirante Nelson, la plaza rinde homenaje a la victoria de la armada británica sobre las tropas franco-españolas de Napoleón en Barbate. No obstante, son pocos los turistas que recuerdan la historia encaramados a sus leones de bronce.

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Los mercadillos son otro de los atractivos londinenses. Las antigüedades de Portobello el sábado y Candem, en cualquier día y a cualquier hora, son paradas obligadas.

Covent Garden, cubierto y más caro, es un buen sitio para tomar un café con una cookie escuchando música clásica en directo. Ahora bien, para los más hípster, lo trendy del momento es ir a Brick Lane los domingos.

En Londres, cualquier ruta que se precie acabará o empezará en el Tower Bridge y la Torre de Londres. Y, aunque parece que la ciudad acaba aquí, bien merece la pena ir un poco más allá y adentrarse en los exclusivos embarcaderos que hay pasada la torre para tomar unas pintas en sus animados bares.

¡Londres vive! ¡Viva Londres! Una ciudad como otra cualquiera. Tal vez, pero no por eso menos interesante. Muchos son los escépticos que viajaron y volvieron enamorados. Y tú ¿caerás en sus encantos?

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