Lo mejor de Lisboa en el tranvía nº 28

Por las venas de Lisboa circula sangre amarilla y negra agarrada a centenarios raíles. Anclada en el tiempo, la red de tranvías de la capital portuguesa te trasladará a otra época. Pero, para ver lo mejor del presente lisboeta, la opción más cómoda es tomar la línea 28.

Paneles de madera pulida y cromados te recibirán en un trayecto de 40 minutos que une la Praça Martim Moniz con Campo Ourique y conecta todos los puntos de interés de la ciudad.

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Recorrido del tranvía nº 28.

De Graça a la Sé

El nº28 recorre los barrios de Graça Castelo y Alfama, Baixa y Chiado y Etrela y Parieres subiendo y bajando cuestas imposibles.

Muy concurrido, no resulta fácil encontrar un sitio junto a la ventana, aunque, con paciencia y educación, todo es posible. El billete sencillo (solo ida) cuesta 2,85 €, pero, por 5 €, el pase Carris 24h permite montarse y apearse a voluntad en este y en otros transportes de Lisboa.

En Graça, destacan las vistas de las agujas gemelas de la Iglesia de Sao Vicente de Fora mientras que, en Alfama, un río de tejados rojos desemboca en la Sé, la catedral de Lisboa. Luego, el tranvía vuelve a subir hasta el Largo das Portas do Sol, donde es aconsejable una parada para disfrutar de las vistas y caminar hasta el Castillo de San Jorge.

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¡Cuidado con polizones y carteristas! Como el tranvía nº 28 es el más concurrido de la ciudad son muchos los que acuden a tomar prestado lo ajeno o a colgarse de las barras exteriores para no pagar el billete.

Azulejos y edificios neoclásicos

A estas alturas del recorrido, ya habrás logrado ponerte cómodo. Es el momento de atravesar la plaza de Luís de Camoes, con sus reconocibles azulejos, y de tomar fotografías en la subida a Estrela.

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Por esta calle, el 28 desemboca en el Palacio de la Asamblea de la República, un imponente edificio neoclásico que dejaremos atrás para llegar a la imponente cúpula de la basílica de Estrela.

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El recorrido termina en Campo Ourique y, desde allí, se puede hacer a la inversa.

El tranvía nº 28 forma parte de la magia de Lisboa. No es cómodo, ni rápido, pero supone una experiencia interesante para viajeros acostumbrados a la tranquilidad del metro o el autobús.

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